Despertar la sensibilidad

Escrita el 19 abril, 2013 por sgh arquitectura

De sobra conocida es la sensibilidad de arquitectos y estudiantes de arquitectura.

Desde las primeras etapas de la concepción del espacio hasta la posterior ejecución de la obra, todo es importante para el disfrute del espacio: la entrada de luz, la distribución y relación de usos, la elección del material, el mobiliario, la decoración posterior, etc. Se busca la armonía y belleza en todos y cada uno de los detalles presentes en el proyecto, para que el resultado final agrade gratamente al profesor, en lo referente al ámbito académico, y al cliente, en la vida profesional.

Disfrutando éste último del espacio creado tanto como nosotros, los arquitectos, lo cual en la mayoría de los casos no es tarea nada fácil, pues el usuario más ‘común’ de nuestros proyectos y servicios no está familiarizado con esos pequeños toques que hacen de cada espacio algo especial, proporcionándole un encanto único. El despertar ese interés en nuestro cliente hace de nuestra profesión algo mucho más apasionante aún, presentándonos el continuo reto de dejarle no sólo satisfecho, sino también de hacerle partícipe de los espacios que le rodean.3.2.sgh

Ahora bien dicha motivación se ha de lograr no sólo cuando la obra está acabada, pues si hasta ese momento no hemos logrado despertar ese interés, es muy probable que ya no lo consigamos.

Para no caer en ese error es imprescindible saber transmitir desde las fases iniciales con esos croquis, de lo más expresivos, hechos en el primer papel que tenemos a mano. Lo que vendrá seguido por el levantamiento de planos, que deberán de tener una representación exquisita ya que no debemos olvidar que nuestro destinatario no está familiarizado con este mundo, el de los planos. Por ello, debemos de lograr una representación que se pueda ‘leer’ de un simple vistazo, huyendo del famoso ‘monocromo’  y de un único grosor de línea.

Si en alguno de los dos estados o en ambos, en el mejor de los casos, somos capaces de ‘emocionar’ al destinatario final de nuestro trabajo ya tenemos las primeras señales de que el cliente se convertirá en el actor de su propio espacio, siendo el escenario el fruto de nuestro trabajo.

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